domingo 29 de noviembre de 2009

C'est la vie

Hoy me levanté temprano (como suelo hacerlo, no como ayer que me pasé de floja) y me lavé bien rápido para ir a ver a los gorriones. Me puse mi mañanita porque amaneció como helado y algo nublado. Salí al patio y aún estaban dentro de la jaulita y tapados por la toalla, mi mamá no los había soltado porque hacía frío, así que tomé una caja y una toalla vieja para hacerles una especie de nidito improvisado. Mientras lo armaba se escuchaba a uno de ellos, pero al otro no y me asusté, pero no quería pensar en eso así que seguí haciendo lo que hacía y lo más rápido posible para ir a verlos luego… y al destapar la jaulita vi que uno estaba muerto. ¿Sabes cuál era? Era el pequeño que sale mirando a la cámara en la primera foto de ayer, el más pequeñito, al que primero vimos, el de las plumitas más escuálidas, el que menos comía, el más débil… y precisamente por eso era el que más me preocupada, pero ¿Qué más podría yo hacer? Es frustrante… mucho. Mi papá se encargó de sacarlo y dejó libre al otro. Ese se fue al tiro al fondo, donde estaban el día anterior. Su mamá bajó al rato a darle de comer… ¿se habrá dado cuenta de que uno ya no estaba? Yo creo que si… ¿nos culparía de algún modo? No lo sé, espero que no…

(Lo está alimentando su mami ♥ )
Fuera de eso, el otro estuvo muy bien. De hecho, ya vuela más alto. Sigue por aquí cerca, pero en los techos y eso me puso algo más feliz. A veces bajaba a mi patio y yo lo iba a ver, le hablaba sin fin alguno, sólo por cariño. A estas horas del día quién sabe dónde estará. Sigue a su madre para todos lados, así que está con buena compañía. Derrepente lo veo rodeado de más pajaritos, es bien bonito así, bien bonito. Alegra ¡deberías verlo! En serio… si si si...

(Está en la puntita del cobertizo de mi vecino ♥)

sábado 28 de noviembre de 2009

Gorrión Gorriones

Te cuento que ayer estaba yo en la cocina lavando los platos y cosas varias, cuando oiga a mi mamá que me llama desde el fondo del patio “¡Cony Cony! ¡Ven rápido! ¡Apúrate!”. Salí corriendo y me encuentro con mi mamá y mi papá mirando completamente fascinados a un pequeño gorrión quietecito en el piso, cerca de las calas, justo debajo de una de las ventanas de la pieza matrimonial. No volaba y eso nos asustaba. Pensamos que podría tener una alita rota o una herida en su cuerpecito, así que tratamos entre todos –incluyendo ahora mi hermano- de atraparlo… ¡pero volaba! Bajito y le costaba mucho, pero volaba. De todas formas, después de un montón de esfuerzo lo pusimos dentro de la ex jaulita de la Cuca –mi pequeña hámster adorada- con un poquito de agua y semillitas en agua. Se calmó luego de un rato ¡Debiste haber visto sus intentos desesperados por salir! Era triste, pero más penoso hubiera sido dejarlo solito y que se lo comiera un gato. Y… ¡no sabíamos que más hacer! Descubrimos que era una cría, porque herida no se le veía por ningún lado. Pensamos en ir a un veterinario que está relativamente cerca para que su corazón amante de los animales ayudara al pequeño… así que desistimos de la idea pues nadie nos garantizaba que el tipo en cuestión fuera de corazón noble. Cubrimos la jaula con una toalla y lo dejamos ahí pasar la noche -espero- descansando.

Al otro día me levanté más tarde de los normal, pero lo primero que hice fue ir a ver al pajarito ¡Que sorpresa la mía al encontrar no uno, sino dos en el patio! Cuando llegó mi papá de ir a dejar a mi mamá al trabajo, me contó que cuando lo fueron a ver muy temprano en la mañana creyeron por un momento que se había escapado, pero no no no no había sido así, eran dos ¡DOS! … en fin. Se quedaron todo el día al fondo del patio, a la sombra, emitiendo sonidos y llamando a su madre que venía de cuando en vez a alimentarlos de boquita en boquita. Les dejé un pocillo pequeño y otro grande con agua por si querían mojarse un ratito (¡¡y los ocuparon!! ¡Fui tan feliz!) y un pocillo con las mismas semillas (la mami a veces las sacaba y los alimentaba luego de mordisquearlas un rato o simplemente se las comía).


Cuando comenzó a desaparecer el sol, mi hermano y mi papá fueron a cortar el pasto del antejardín y yo estaba dentro de la casita… ¡derrepente! Esuché un adorable maullido y ¡¡¡¡OH POR DIOS, LOS PAJARITOS!!!! Bajé muy muy rápido las escaleras pero cuando llegué a verlos mi papá y mi hermano ya estaba en plan de atrapar a los gorriones y salvarlos del gato malvado aquel. Al final tuve que hacerlo yo, ellos aún no terminaba su tarea. ¡Uff! ¡Ni te imaginas lo que me costó! Uno de ellos se escondió entre medio de las calas y fue un lío tremendo sacarlo… ¡Pero lo logramos! Ahora están abajo, cubiertos y durmiendo.

Pero ¿sabes? Me da cosita que no vuelen pronto, que la mamá los abandone… y no sé que más hacer… de hecho, no sé si estará bien seguir haciendo algo por ellos. ¡Pero pero! ¡No quiero que se mueran! Son pequeños y bonitos y tienen plumitas y miran con inocencia y y y cuando les hablo me piden comida y yo no puedo darles y… pucha.






Espero espero espero con todo mi corazón que la mamá no los abandone y que vuelen pronto y que vivan lo que tengan que vivir, pero felices. ¡Pucha! Arrg… en fin en fin. Tengo penita. Ojalá que sobrevivan…

jueves 26 de noviembre de 2009

Por ahí, ni tan cerca ni tan lejos

“En un pueblo de quien sabe donde, con casa de quien sabe como, con personas que quien sabe si estaban ahí, había un sol con cara de no sé que quien miraba todo eso que pasaba por encima de su nariz. Y de él se escucho una regocijante y prominente carcajada por haber visto a una ardilla intrépida que por querer tener la avellana más grande del árbol de esa ciudad, chocó con el tronco porque la avellana se había caído del árbol por su considerable peso. Y al chocar, calló del árbol también en busca de su avellana, pero quedó en sima del pato de Don Cara de Sapo que estaba paseando por ahí. Del susto, el pobre pato salió corriendo a su casa con la ardilla acuestas. Entró y escuchó a su dueño decir ”¡Hay que reírse de la vida, muchachos!”. Don Cara de Sapo era el verdulero y vecino de Margarita, quien cuando pasaba con sus amigos por la verdulería, saludaban a Don Cara de Sapo y se decían “que graciosa cara tiene este caballero”. Y cuando Margarita iba al campo a recolectar flores, les contaba sus vivencias, así que de este modo viajaban por el viento, a través de las nubes para posarse en el polen de flores más lejanas, que volaban y se juntaban con los dientes de león esparcidos por niños traviesos. De esa forma llegaron a mi, en un estornudo gracioso cuando entraron por mi nariz, y me dijeron entre rizas y cantos 'En un pueblo de quien sabe donde, con casas de quien sabe como, con personas que quien sabe si estaban ahí, había un sol con cara de no se que…'”


Que lindo lindo recuerdo~

miércoles 25 de noviembre de 2009

Y entonces

Ya tenía un diario vivir, un trabajo, una casa a lo que no llamaba hogar… pero su vida comenzó realmente una noche en la que luego de comer una enorme hogaza de pan con mantequilla y mermelada, se acostó a dormir. Tuvo una horrible pesadilla en donde las mentiras tenían cuerpos propios y querían arrancarle el corazón. Desesperado, deseó con todas sus fuerzas no ser más humano para poder escapar de ellas… y se convirtió en Luz. Fue en ese momento que su sueño se juntó con el de muchos otros y se dio cuenta que unidos, las sombras de cada uno eran casi indistinguibles: Y sonrió…

Esa mañana despertó con un rostro radiante pues al fin comprendió que no era el único que anhelaba cambios. Con una alegría contagiosa iluminó su camino, haciendo que cada persona a su lado sonriera también. Sí, definitivamente eran las personas luces de su sueño las que sonreían y despertaban, así como él, pero ahora en éste mundo.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Otra vez


Tan fácil de sentirlo en la guatita. Tan condenadamente difícil de imaginar.

Tan… doki doki.